PARTE 2: Identidad sexual, deseo y placer: las claves para una sexualidad plena

El temor a expresar la falta de deseo y manifestar una identidad sexual propia

Muchas veces la preocupación pasa por no poder salir de la zona de confort y animarse a descubrir una identidad sexual genuina. El verdadero temor suele ser la falta de deseo. Las personas ponen en crisis esa ausencia, pero al mismo tiempo no quieren que nada las corra de su lugar conocido.

Esto tiene mucho que ver con la falta de educación sexual. Ahí es donde hay que trabajar. Siempre digo que el deseo se rehabilita: esa es una gran noticia. Que esté disminuido o ausente no significa que haya algo grave en la historia sexual de la persona.

Charla sobre identidad sexual y placer consciente junto a Sexo Solidario

Identidad sexual y diversidad de géneros: qué tienen en común

Al pensar en los puntos en común y las diferencias entre géneros, siempre vuelvo a la educación sexual. Lo que puede unir o diferenciar a las personas es la capacidad emocional para permitirse esa educación.

Se trata de poder escuchar al cuerpo, escuchar el deseo y escuchar la propia voz. Ahí no hay distinción por orientación ni identidad sexual: cada persona tiene la posibilidad de permitirse ese proceso.

Es clave no enjuiciarnos a nosotros mismos. Muchas veces tapamos el deseo y nos acostumbramos a vivir incómodos, repito, sin animarnos a salir de la zona de confort.

Cómo vivir una sexualidad sana y plena

Una sexualidad sana empieza por conocer nuestra biología, nuestro cuerpo y nuestra propia historia sexual. Implica ser honestos con nuestros deseos, nuestras orientaciones y nuestros gustos.

También requiere un entorno donde se pueda vivir la sexualidad con libertad. Esa libertad significa respetarnos a nosotros mismos, sin exponernos a ningún peligro ni exponer a otros. La plenitud sexual nunca debería implicar obligar al otro a hacer algo que no quiere.

Cuando logramos sentirnos plenos y libres, sin ningún tipo de abuso de por medio, ahí se ejerce una sexualidad sana, genuina y honesta.

Consentimiento y autoconocimiento: herramientas para el placer y decubrir tu identidad sexual

Hay una herramienta de la que se habla poco: el consentimiento. Es lo que nos protege y nos da lugar a decir «ahora no quiero» en cualquier momento.

El consentimiento nos permite frenar cuando lo sentimos necesario, incluso en parejas de muchos años. A veces, con el tiempo, se instalan prácticas que no le gustan a una de las partes, solo porque «siempre fue así». Frente a eso, es importante recordar: el consentimiento habilita a decir que no, sin importar cuánto tiempo llevemos con alguien.

Además del consentimiento, es fundamental conocernos a nosotros mismos. Es difícil disfrutar de una vida sexual plena sin conocer el propio cuerpo, sin saber qué nos da placer y qué no. Ese autoconocimiento, sumado a la comunicación con el otro, genera un ambiente donde todos están conectados desde el placer.

Los beneficios de la educación sexual en nuestras relaciones

El acceso a la educación sexual siempre trae resultados positivos. Favorece el autoconocimiento y permite vivir la sexualidad con mayor seguridad. También ayuda a generar relaciones saludables, basadas en la comunicación, el respeto y la confianza.

Las personas con educación sexual conocen el valor del consentimiento y asumen esa responsabilidad. Eso les permite construir vínculos sanos o, en caso contrario, detectar a tiempo las situaciones que no lo son. Nos permite crear y descubrir nuestra identidad sexual.

También favorece el cuidado de la salud: previene enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados y situaciones de violencia. En definitiva, la educación sexual es la base para vivir una sexualidad plena y verdaderamente satisfactoria.

Educar en sexualidad hoy: la mirada de Vanina

Hoy, esta formación me da mucho placer, felicidad y orgullo. Por la educación en la que crecí, animarme a estudiar sexología también fue derribar una gran barrera personal.

Hablar de sexualidad con libertad es un orgullo. Me da mucha satisfacción recibir comentarios de mujeres que se sintieron cómodas o que empezaron a detectar alguna situación incómoda en sus propias vidas y buscar sanar. Busco contar la sexualidad femenina desde un lugar amoroso y empático, sin pelear con la forma en que fuimos criados, sino buscando mejorarla desde ahora. Y así encontrar nuestra propia identidad sexual.

Quién es Vanina Fattore

Soy licenciada en terapia ocupacional, egresada de la UBA. Me formé en neurorehabilitación de pacientes adultos, en el país y en el exterior. En mi trabajo, noté que nadie hablaba de la sexualidad del paciente: cómo se relacionaba con su pareja, cómo vivía su intimidad.

En ese momento, los profesionales no estábamos formados en sexualidad y discapacidad. Esa falta me impulsó a estudiar el postgrado en Salud Sexual y Sexología. Hoy soy sexóloga educativa egresada de FundaSex.

El origen de Sexo Solidario

Sexo Solidario nació de un artículo que escribí después de observar a muchas mujeres de mi entorno. Vi la sensación de estar todo el tiempo comparándonos con otras, y de convencernos de tener una vida perfecta para mostrar en redes.

La idea es volvernos solidarias con nosotras mismas. Eso tiene que ver, otra vez, con la educación sexual: ponerle voz a nuestro deseo y animarnos a decir lo que nos gusta y lo que no.

Sexo Solidario es, en definitiva,  la posibilidad de recibir educación sexual… ¡de la buena!

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